Quizás a más de alguno le ocurrió que cuando pequeño alucinaba con descubrir un verdadero Pokémon en su habitación. Mi favorito era Poliwhirl. Crear amistades junto a otras criaturas (hasta ese momento eran 150) me hacía recrear sus aventuras en la mente. Habrán otros que marcaron su infancia con seres de galaxias muy lejanas, disfrutando del Palacio de Jabba o admirando el conocimiento del Maestro Yoda. Personajes de todas las formas y tamaños se hallan inmersos en una gran historia en pos del lado luminoso. Últimamente, son los superhéroes quienes más nos fascinan, parte de un multiverso cada vez más amplio y más complejo, con distintas realidades temporales y espaciales que esperamos conocer mientras continúan su labor vengadora.
Podría decirse que todo esto no es más que fantasía o pérdida de tiempo en el agitado mundo que vivimos. Por el contrario, la filosofía del País de los Elfos es más alta y más profunda de lo pensamos, porque nos remite a la maravillosa fantasía de nuestra realidad:
Estamos en un mundo donde habitan millones de criaturas extrañas y asombrosas, pequeños insectos con habilidades extraordinarias, seres que tienen la capacidad de vivir bajo las aguas y aún en sus profundidades. ¡Dominan las aves el cielo, mientras reptiles, elefantes y corceles comparten nuestra misma tierra! Deseamos tanto conocer lo lejano y desconocido que nos habituamos a nuestras manos y pies, a nuestros sentidos. No recordamos las peculiaridades asombrosas y únicas de nuestro propio cuerpo. ¡Somos criaturas especiales, con habilidades asombrosas! Buscamos incesantes otras realidades, otros universos, y no nos preguntamos ¿por qué nuestro tiempo y nuestro espacio existen? Vivimos en una realidad en vez de habitar en la nada. Somos ¡Y somos reales! ¡Existimos de manera misteriosa y fascinante!
Esta epistemología de lo fantástico es una forma siempre nueva de aprender desde la sorpresa y la inocencia las verdades trascendentales que observamos en la niñez y olvidamos en la vorágine de la vida. Y es que toda esta fantasía de la vida, sus criaturas y nuestro universo, solo nos pueden remitir al autor de tan espectacular obra.
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