En Brujas, Bélgica, tuve la oportunidad
de conocer el antiguo hogar de las Beguinas, una asociación de mujeres del
siglo XI con una fuerte labor social ayudando a enfermos y desamparados, pero también
con una profunda convicción cristiana e interés escolástico, que las llevó a
traducir porciones de la Biblia en su idioma.
Estas mujeres eran esencialmente
congregacionales, no respondían a estructuras jerárquicas, sino que cada
comunidad era independiente de las demás e interiormente sus decisiones eran
democráticas. Debido a su crecimiento por toda Europa muchos las vieron como
rivales del poder eclesiástico y patriarcal, por lo que fueron constantemente
censuradas y perseguidas, obligándolas a enclaustrarse como monjas.
Con la llegada de la Reforma
Protestante, aquellas que reusaron someterse a una orden católica regular se
convirtieron frecuentemente al anabaptismo, sin embargo, su influencia
disminuyó considerablemente con los siglos. En 2013 murió en Bélgica la última
Beguina, representante de un movimiento medieval que autoorganizó a la mujer y
le dio un espacio de libertad impensable para la época. Hoy en día, muchos de
los antiguos Beguinarios (Hogares) son Patrimonio de la Humanidad.
En el siglo XIV, una Beguina
condenada a la hoguera escribió lo siguiente: "Teólogos y otros clérigos,
no tendréis el entendimiento por claro que sea vuestro ingenio, a no ser que
procedáis humildemente y que amor y fe juntas os hagan superar la razón, pues
son ellas las damas de la casa".
Publicado originalmente el 28/09/2018




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