Durante la década de 1870, un
joven Claude Monet se refugia en Londres huyendo de la guerra franco-prusiana.
Allí descubre la controvertida obra de William Turner, que aportaría varias
técnicas al naciente movimiento impresionista.
Enmarcado dentro del romanticismo inglés, Turner se centró en pintar la luz y su reflejo, bordeando en ocasiones lo abstracto. Ejemplo de aquello es "El Ángel de pie en el sol" (1846), el cual representa al Arcángel Miguel en el día del juicio, hallándose en primer plano algunas escenas del antiguo testamento.
Al ser la luz su gran inspiración, gran parte de su obra está constituida por ocasos, arcoiris y temas marinos, perfeccionando su técnica tanto en óleo como en acuarela, como en la vista de "Great Yarmouth Harbour, Norfolk" (1840).
Así también, en "Luz y color
(Teoría de Goethe) La mañana después del diluvio - Moisés escribiendo el libro
de Génesis" (1843), el artista representa en una explosión de luz el pacto
de Dios después del diluvio.
Como indicó The Guardian:
"Si el sol es Dios, como se supone que Turner dijo, este pintor
incandescente fue el sumo sacerdote del sol y el arte está en deuda con
él".
Publicado originalmente el 21/03/2019



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