El Jesús Expresionista

Podría pensarse que luego del debilitamiento del arte barroco y el auge del rococó y el neoclasicismo, favorecidos por la burguesía del siglo XVIII, la pintura de temática religiosa ya no tendría cabida en el mundo moderno. Efectivamente, no fue un tema recurrente en el realismo y el romanticismo de los siglos posteriores, sin embargo, de forma curiosa fue recuperado por las vanguardias pictóricas de comienzos del siglo XX.

El surgimiento del impresionismo daría paso a una gama de nuevos movimientos en la pintura, desafiando al academicismo, para alcanzar un arte de carácter más personal y popular. El expresionismo conlleva una deformación de la realidad, que busca una interpretación subjetiva del ser humano basado en los sentimientos o visión interior del artista (la expresión). Por estos motivos, no es extraño que la temática religiosa haya sido común entre algunos expresionistas, sin embargo, primaban las interpretaciones personales de Cristo, ya que a diferencia de antaño, no eran obras encargadas y/o censuradas por la iglesia, por lo que los artistas tenían libertad para expresar su visión particular del Mesías. El belga James Ensor, uno de los precursores del expresionismo, pinta la "Entrada de Cristo a Bruselas" (1888) representando una festividad de la época, con disfraces, máscaras, banderas y una banda de soldados que parecieran ser de juguete (la pintura es más amplia, la que subo es un acercamiento).

Emil Nolde, uno de los mayores expresionistas alemanes, sería cercano al nazismo, sin embargo, su obra fue calificada como "arte degenerado" por el régimen, siendo prohibida. Sus figuras de rostros primitivos, como verdaderos nibelungos, difieren de sus tempranas pinturas donde puede apreciarse de manera más caricaturesca y suave al plasmar a "Cristo y los doctores de la Ley" (1911) y "Cristo y los niños" (1910).


Georges Rouault, pintor francés inclinado por el fauvismo, amigo cercano del filósofo Jacques Maritain, se dedicó en forma casi exclusiva a retratar la vida de Cristo. En "Cristo y los Pescadores" (1939) y el "Rostro de Cristo (1938), se aprecian ejemplos de sus fuertes pinceladas y negros contornos, que plasman su compromiso social y religioso.


El noruego Edvard Munch es probablemente el expresionista más famoso, debido a su pintura de "El grito". En el "Gólgota" (1900) retrata la crucifixión de Jesús junto a una multitud de rostros con distintas muecas; alegría, indiferencia y tristeza hay entre los espectadores bajo el cielo en tinieblas. Las obras de Munch siempre reflejaron lo sobrecogedor de la muerte, producto de sus propias experiencias dolorosas. De la misma manera, en este cuadro se aproximan como una marea las personas alrededor de Cristo, alzan sus manos a la cruz, pero ninguno alcanza realmente a tocarlo.

Por último, el gran Marc Chagall, judío de origen bielorruso, tuvo entre sus prioridades la pintura religiosa, principalmente dentro del Antiguo Testamento, sin embargo, la cruz también fue un tema recurrente. En la "Crucifixión amarilla" (1943), se aprecia el sufrimiento de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, ya sea huyendo atemorizados, en los guetos en llamas o ahogándose en las aguas; en el centro del cuadro pasa un Ángel bajo la Torá, tocando un cuerno y con una vela encendida se dirige hacia Jesús, la encarnación del sufrimiento de su pueblo.

El expresionismo vio su auge y caída durante la primera mitad del siglo XX, un periodo de guerras y sufrimiento humano, donde el pintor se volcaba a pintar tanto lo alegre como lo desolador, en ocasiones con un sentido místico o profético. Fue en ese contexto, donde de una u otra manera el arte volvió a retratar a Cristo, su esperanza, su compromiso y su dolor. En tiempos complejos como los que vivimos, volver al Maestro siempre es una buena opción para encontrar consuelo y paz.

Les deseo a todos una feliz Navidad!!

Publicado originalmente el 25/12/2020

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